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agosto 31, 2026A las nueve menos cuarto en punto se fueron las luces del Riyadh Air Metropolitano. Ni cortesía ni espera de rigor: The Weeknd en el Metropolitano salió a la hora que ponía en el papel, y dos horas después, a las once menos cuarto, se había acabado. Era la segunda de las tres noches que Abel Tesfaye ha vendido en Madrid: más de 150.000 entradas para el 28, el 29 y el 30.
Lo primero que se piensa no tiene que ver con las canciones. Es un concierto americano, en el sentido literal y en el que importa: el dinero se ve. Lanzallamas que sueltan una bocanada de calor hasta la grada alta, láseres cruzando el campo, un cuerpo de bailarines que se mueve como una compañía. Y al fondo no hay un telón: hay un decorado de edificios en ruinas montado sobre el césped, con una figura dorada de varios metros en mitad de la pasarela. Un montaje así se ensaya durante meses, y deja justo esa sensación: una maquinaria que ya ha hecho esto muchas veces y hoy no va a fallar.

Así suena The Weeknd en el Metropolitano
El repertorio funciona por contraste. Cayó casi todo Hurry Up Tomorrow, publicado en 2025, y luego el puñado de himnos que todo el mundo fue a cantar. Hay un bloque de temas lentos, de graves largos, donde el escenario se queda oscuro y rojo y el estadio baja el volumen solo. Y otro con el bombo arriba, el de las canciones que suenan en cualquier discoteca de Madrid un sábado. Pasar de uno a otro sin que se note el salto es más difícil de lo que parece.

Playboi Carti vuelve al escenario
El invitado no era sorpresa para quien mirara el cartel: Playboi Carti había abierto la noche a las siete y media, después de Prince 85. Lo que no estaba escrito es que volviera. Bajó para Timeless, el tema que los junta, y el estadio respondió con lo más parecido a un rugido que se oyó en toda la noche.
Ahí se vio de qué va este hombre con el público. Se baja, se acerca, toca manos y habla. Y habla en español: «Gracias, gracias». Luego se giró hacia los que estaban detrás de la pantalla y les dedicó un minuto: «Habéis llenado hasta detrás de la pantalla. ¿Qué tal por ahí atrás?». Y remató: «No hay ni un solo mal sitio esta noche, os lo prometo».
Un apunte para quien repita
Más como consejo que como reproche: desde el lateral en el que estuvimos, en los pasajes densos el sonido rebotaba y las voces perdían algo de definición. Le pasa a cualquier estadio de fútbol lleno, y es probable que desde el campo se oyera distinto. No cambia la noche, pero lo apuntamos por si a alguien le sirve para la próxima.
Lo demás funcionó: muchísima gente, y ni atasco para entrar ni para salir. Queda la sensación de haber visto a un profesional con una precisión que roza lo mecánico, y eso, contra lo que suele decirse, no le resta nada. Se nota por qué vende tres noches seguidas en Madrid.
Redacción Sube FM

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